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El hombre joven pierde

  • hace 7 días
  • 5 min de lectura

Hay una verdad incómoda sobre el mercado de relaciones moderno: si sos un hombre joven, probablemente estés jugando en desventaja.



No porque seas peor hombre ni porque las mujeres hayan dejado de sentirse atraídas por los hombres. El problema es más simple: el mercado cambió.

Hace algunas décadas, un hombre de 22 años competía principalmente con otros hombres de 22, 23 o 25. Todos tenían más o menos lo mismo: poca plata, un auto mediocre —si tenían auto—, una habitación en la casa de sus padres, una carrera que recién empezaba y poca experiencia. Lo que sí tenían era potencial.


Cuando una mujer joven elegía a uno de esos hombres, no estaba mirando solamente lo que tenía enfrente. También estaba evaluando qué clase de hombre podía llegar a ser. Elegía carácter, dirección, ambición y potencial futuro. Eso era parte del trato.


Hoy el hombre de 22 años entra a un mercado completamente diferente. Una mujer de su edad puede conocer, en una misma semana, hombres de 25, 30, 35 o 40 años con una facilidad que antes sencillamente no existía.

Entonces ocurre algo bastante fácil de entender. El universitario propone pizza, vino barato y pasar la noche en un dormitorio. El hombre de 35 propone un buen restaurante, un fin de semana afuera o pagar un pasaje para encontrarse en otra ciudad.


Uno tiene potencial.


El otro tiene resultados.

¿A quién elegirías?


No hace falta hablar de maldad, superficialidad ni conspiraciones. Es competencia. Y el problema del hombre joven es que está compitiendo contra hombres que tuvieron diez o quince años adicionales para desarrollar exactamente las cosas que suelen hacerlo más atractivo: dinero, confianza, experiencia, capacidad social, una carrera, una casa, contactos y la tranquilidad de alguien que ya atravesó situaciones que para él todavía son nuevas.


El muchacho de 22 años ya no está compitiendo solamente contra otro muchacho.

Está compitiendo contra una versión futura de sí mismo.

Y normalmente pierde.


EL MERCADO YA NO ESTÁ DIVIDIDO POR EDAD


Antes existían barreras naturales. La universidad, el barrio, la iglesia, el club, los amigos de la familia o el trabajo funcionaban como mercados pequeños. La mayoría de las personas conocía pareja dentro de círculos relativamente limitados y repetidos.

Había además otra diferencia fundamental: los hombres se casaban antes y salían del mercado.


El hombre exitoso de 35 años probablemente tenía esposa, hijos y una hipoteca. No estaba compitiendo activamente por la misma mujer de 23 años que el estudiante universitario.


Hoy puede estar soltero, divorciado, separado o simplemente haber decidido no casarse. Puede abrir una aplicación y aparecer literalmente al lado del muchacho de 22.


El mercado dejó de estar dividido en pequeñas ligas.


Ahora distintas generaciones masculinas pueden competir dentro de la misma cancha.


Y cuando enfrentás al hombre que recién empieza contra otro que tuvo quince años para acumular recursos, experiencia y confianza, el resultado no debería sorprenderte.

El hombre joven pierde. Al menos por un tiempo.


¿ENTONCES QUÉ HACÉS?


Lo primero es dejar de interpretar una desventaja temporal como un juicio definitivo sobre tu valor.


A los 20 años sos potencial. El problema es que el mercado moderno puede comparar tu potencial con los resultados terminados de otro hombre. Puede parecer injusto, pero quejarte no modifica nada.


No podés exigirle a una mujer que elija tu promesa cuando tiene delante a alguien que ya consiguió aquello que vos todavía estás intentando construir.


Entonces construí.


Entrená, trabajá, estudiá, hacé amigos, desarrollá habilidades sociales, salí a levantar hasta que seas eficiente, aprendé a vestirte, aprendé a hablar, ganate una reputación y convertite progresivamente en un hombre competente.

Tu objetivo no debería ser ganarle hoy al tipo de 35 años.

Tu objetivo debería ser convertirte en el hombre contra el cual hoy no podés competir.


A LOS 30 PASA ALGO INTERESANTE


No es extraño que muchas relaciones estables aparezcan hacia los últimos veinte o primeros treinta. Puede que no sea solamente una cuestión cultural o una edad arbitraria. También puede ser el momento en que dos curvas empiezan finalmente a encontrarse.


La mujer todavía dispone de juventud, atractivo y opciones. El hombre, mientras tanto, empieza a tener recursos, experiencia, confianza, estabilidad y alguna evidencia concreta de que aquel potencial que tenía a los 22 realmente existía.


A los 22 podía decir: “algún día voy a hacer esto”.

A los 30 puede mostrarlo.

Existe una diferencia enorme.


Es posible que parte de la edad moderna del matrimonio refleje precisamente esa convergencia: el momento en que el hombre deja de presentarse principalmente como una promesa y empieza a presentarse como un resultado.


PERO NO TODAS LAS MUJERES JUEGAN EL MISMO JUEGO


Esta es la parte que muchos hombres jóvenes olvidan.


Todavía existen mujeres tradicionales. Algunas pertenecen a familias, comunidades religiosas, culturales o sociales donde fueron educadas para observar al hombre joven de una manera distinta.


No preguntan solamente: “¿qué tiene hoy?”


También observan: “¿qué clase de hombre está construyendo?”


Valoran la posibilidad de crecer juntos, empezar con poco, estudiar, acompañarse, construir una casa y atravesar juntos el período en que ninguno de los dos tiene demasiado.


Y no todas esas mujeres pertenecen a una iglesia ni se consideran tradicionalistas. Algunas simplemente fueron educadas para reconocer potencial además de resultados.

Entienden algo que el mercado moderno tiende a olvidar: elegir temprano también tiene ventajas.

Cuando todo el mundo descubre que un hombre vale la pena, ya existe competencia por él. La mujer que supo reconocerlo antes no solamente consiguió acceso temprano a ese hombre; participó también de su crecimiento.

Esas mujeres existen.

Y si sos un hombre joven interesado en una relación seria, probablemente tenga mucho más sentido buscarlas que intentar competir económicamente con hombres que te llevan quince años.


No vas a ganarle al tipo de 37 años jugando su juego a los 22.

No importa.

No necesitás hacerlo.


Buscá ambientes donde todavía se valore el carácter además del resultado. Construí una buena vida y convertite en un hombre competente y atractivo.


Y si esa mujer todavía no apareció, esperá.


Pero entendé qué significa esperar.


Esperar sentado mirando el techo no es paciencia. Es desperdiciar tiempo. Esperar mientras seguis conociendo mujeres, entrenás, trabajás, aprendés, construís relaciones y acumulás capacidades es otra cosa completamente distinta.

Los hombres jóvenes suelen desesperarse porque quieren resultados inmediatamente. Ven a hombres mayores disfrutando hoy aquello que ellos desean y concluyen que perdieron.


Pero algunas partidas no se ganan siendo mejor a los 22.


Se ganan llegando mejor a los 28, a los 30 o a los 35.


Si sos un buen hombre joven y hoy el mercado todavía no sabe qué hacer con vos, no desesperes.


Seguí construyendo.


Quizás no estés perdiendo. Quizás simplemente para esta epoca llegaste demasiado temprano.

 
 
 

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